sábado, 18 de febrero de 2017

HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO EN AGAETE, 1932-1936 (SOVA)

El Alcalde José Armas Galvan, en una procesión, años cuarenta-cincuenta del siglo pasado, foto familiar, gentileza de su nieto Tomás Armas Armas.

Hasta la llegada del la II República en abril de 1931, el asociacionismo de las clases obreras no había llegado a la mayoría de las  zonas rurales, donde imperaba el caciquismo de los grandes y medianos propietarios de tierras y aguas.
A mediados de febrero de 1932, llega a Agaete un joven y culto farmacéutico,  malagueño de 24 años de edad, de ideología anarquista, militante de la CNT, llamado Fernando Egea Ramírez. Se instala en la pensión  sita en el actual "Bar Medina" de la plaza Tomas Morales, mientras resuelve los trámites para hacerse con la farmacia del pueblo. 
En aquel Agaete no existía ninguna asociación de tipo sindical obrero, fiel reflejo de lo que sucedía en casi toda la isla y en todas las zonas rurales de España. La mayoría de la población de aquel entonces era analfabeta, dedicada a la agricultura, la pesca artesanal y la marinería de cabotaje.
Las condiciones laborales de los jornaleros y marineros, con salarios de miseria, la grave situación de paro, debido a la reducción de las exportaciones agrícolas por la crisis que había comenzado en 1929, el regreso de muchos emigrantes que habían emigrado durante los años veinte a Cuba o la ciudad de Las Palmas y el abandono de los cultivos en las tierras de los grandes terratenientes, que preferían vender el agua a los pueblos colindantes a emplearla en sus fincas de la villa, hicieron que la vida de los jornaleros y sus familias fuera muy difícil, siendo una verdadera odisea llenar el caldero cada día para la mayoría de las familias de Agaete.


Uno de los grandes propietarios de tierras y aguas, D. Salvador Manrique de Lara, en una de sus fincas, "las Candelarias", junto a su mayordomo.(foto Jaime O´Shanahan)

Fernando Egea hace amistad con el joven médico de la localidad Víctor Mendiola Alvarez, una serie de jóvenes maestros de ideología progresista que la naciente república en un esfuerzo por hacer llegar la cultura a los pueblos de España había contratado, entre ellos D. Miguel Pérez, D. Rafael Esparza, Dña Caldelaria Arbelo...., junto con una serie de jóvenes empleados, obreros y jornaleros de la villa, que destacaban por su beligerancia contra los terratenientes en la reivindicación de mejoras salariales y laborales, forman en principio una tertulia. De la palabra y la conversación sale en el mes de mayo de de 1932, la primera asociación sindical de la villa, que postula la lucha de clases, para mejorar las condiciones de vida y morales de la clase obrera. 
Deciden solicitar integrarse  en la Federación Obrera de Las Palmas, siendo aceptada el 25 de mayo de 1932, si bien mantienen una amplia colaboración con la UGT a lo largo de su corta historia, llamándose  Sociedad de Oficios Varios de Agaete, en adelante SOVA, mayoritariamente de carácter marxista, mantiene bastante autonomía con respeto a los partidos políticos y por su sedes pasan a dar mítines desde los líderes socialistas a los anarquista, pasado por los comunistas.

El SOVA se instala en el "barranquillo", en el número 51 de la antigua calle El Sol, actual calle Francisco de Armas, posteriormente se traslada a la calle el Canario, número 9, en 1934, a la calle la Cruz, número 20, posteriormente vuelve al "barranquillo", hasta el 21 de julio de 1936, que es tomada por los falangistas del pueblo.
La primera  junta directiva la componen los siguientes vecinos de Agaete:
Presidente, D. Juan García Arteaga.
Vicepresidente, D. Cesar del Rosario.
Secretario, D. Juan Suárez Ojeda.
Vicesecretario , D. Cástulo Nuez Jiménez.
Tesorero, D. Antonio Del Rosario Martín.
Contador D. Juan Vega García
Vocales; D. Domingo Sosa, D. Nicolás Armas, D. Juan Medina, D. Juan Saavedra y D. Juan García.



Sede del SOVA en el "barranquillo", 1936.

En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, triunfa en las grandes ciudades las candidaturas republicanas, el rey abandona el país, proclamándose el 14 de Abril, la segunda república española.
El pueblo de Agaete no tuvo que votar, la ausencia organizada de la izquierda y el poder caciquil, llevó a que solo se presentara una candidatura, los monárquicos, que fueron designados automáticamente, al igual sucedió en  14 municipios más de Gran Canaria. Es nombrado alcalde Sebastián Medina Perera, esta corporación fue efímera, las elecciones fueron anuladas a los pocos días, se ordena por el gobierno civil la repetición de las votaciones, nombrándose una gestora presidida por Matías García Martín, y como vocales Cornelio Medina Bermúdez y Juan Álamo Quintana, que dimite nada más ser nombrada, lo que lleva a designar una segunda que preside el médico de ideas progresistas D. Víctor Mendiola Alvarez, y como vocales Francisco Ramos Medina y Antonio Bermúdez Marías. 
Las elecciones se convocan nuevamente el 31 de mayo de 1931. Esta vez llegan a un acuerdo los republicanos y los monárquicos, ahora ante la nueva situación, bajo las siglas republicanas conservadoras del Partido Radical, presentándose una solo candidatura de consenso, en la que solo hay un federal y un independiente, por diez Radicales, de los cuales cinco eran miembros de la anterior candidatura monárquica.


Postal de la república, archivo municipal de Agaete.

Es elegido alcalde constitucional, D. José Armas Galván, hombre que había sido juez de paz y alcalde en los años veinte, anteriormente monárquico, ahora en el Partido republicano Radical, regentaba un pequeño comercio en la calle Lago, nº 3 y administraba las tierras de algunos pequeños propietarios familiares que residían fuera de la localidad. Entre los concejales hay unos cuantos que luego tuvieron responsabilidades  políticas tras el golpe de estado de 1936, como el industrial zapatero D. Valentín Armas Nuez, alcalde 1936-1937, Agustín Álamo Nuez, Alcalde en 1937, o el propio "Pepito Armas", alcalde en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Esta corporación se mantienen prácticamente con todos sus miembros hasta el triunfo del Frente Popular en las elecciones generales en febrero de 1936, que son cesados y sustituidos por una gestora progresista, próxima al Frente Popular.


Alcalde D. José Armas Galvan, (Pepito Armas) foto familiar gentileza de su nieto Tomás Armas Armas.

Es de destacar que a pesar de ser una corporación notablemente conservadora, no les tembló nunca la mano para hacer cumplir las normas y leyes republicanas, como se demuestra en la abundante documentación del archivo municipal de Agaete donde el alcalde "Pepito Armas", llama la atención  y ordenan el cumplimiento de la legalidad republicana a obreros, patrones o la iglesia.


El SOVA y el ayuntamiento chocan ideológicamente, lo que trae numerosos conflictos, por una parte tenemos una organización de izquierda marxista y un ayuntamiento conservador, ambos con escaso espíritu democrático y nada homologable a las organizaciones parecidas de los países europeos de la época y mucho menos a las actuales.
La principal preocupación del SOVA es la lucha contra el elevado número de parados del pueblo, según el boletín del Instituto de la Seguridad Social en 1933, había en Agaete 397 desempleados, la mayoría jornaleros agrícolas y marineros, que no tenían ningún tipo de ayudas como sucede actualmente,  sobre una población de 4.500 habitantes.
Otra de las grandes preocupaciones del SOVA es la culturización de los jornaleros y pescadores, la gran mayoría analfabetos, para eso organizan en su sede clases de extensión cultural por las noches, con la colaboración de algunos maestros, que después del golpe de estado de 1936, fueron represaliados.
Para la reducción del paro, hicieron propuestas a través del ayuntamiento, con el objeto de que los propietarios de tierras  y asociaciones agrícolas que se llevaban las frutas y verduras a empaquetar fuera, lo hicieran en el pueblo, con el fin de mitigar el paro, aunque no tuvieron éxito. Otras fueron canalizadas al Gobierno Civil a  través de la Federación Obrera de Las Palmas, como la prohibición de vender pan procedente de otras localidades o la prohibición de vender el pescado a personas de fuera de la villa mientras hubiera demanda de vendedores del pueblo. 
Algunas de las peticiones más curiosas del SOVA son el de cambio de nombre de la calle León y Castillo, al que considera "un cacique de triste recordación", solicitando que se le ponga el nombre de Pablo Iglesias o su influencia en la suspensión de las procesiones, como así sucedió con la  de la virgen de la Concepción el 8 de diciembre de 1932, y la de San José el 19 de marzo de 1933, entre otras.
Solicitud de cambio de nombre de la calle León y Castillo.(archivo de Agaete)

Las diferencias propias por la juventud de la nueva formación sindical, donde habían al parecer dos sectores, les lleva a la discusión y a la falta de acuerdo, dimitiendo la primera directiva en marzo de 1933, siendo nombrada una nueva compuesta entre otros por :
Presidente, Salvador Sosa Díaz.
Vicepresidente, José González Perdomo.
Secretario, Diego Rodríguez Díaz.
Esta directiva se mantiene en sus cargos hasta el 18 de julio de 1936, a partir de ese momento la mayoría son detenidos e ingresados en los campos de concentración o desaparecidos en abril de 1937, poniéndose fin al movimiento obrero en Agaete.
No existen datos sobre la cifra de afiliados que tuvo el SOVA, pero algunos historiadores la sitúa entorno a los 500 en el mejor momento, 1936, tras el triunfo del Frente Popular. La elevada cifra se explica por que obtienen del Cabildo, controlado por la izquierda,  la obligación de estar afiliado al SOVA para poder trabajar en determinados trabajos públicos, como la construcción de la carretera hasta los Berrazales, donde trabajan una buena parte de los que vivían en la Vecindad de Enfrente o las obras de la carretera de la Aldea, siendo el jornal 5,89 pesetas por día de trabajo en 1933, según el libro de colocación obrera (archivo municipal de Agaete). 


Libro de colocación obrera, julio de 1933, se puede observar los jornales entorno a las seis pesetas y que la mayoría de los jornaleros contratados pertenecen al SOVA. (archivo municipal Agaete)

En 1933, la mayor parte de los trabajadores agrícolas de las cuatro principales fincas del pueblo, la de Nicolás Manrique de Lara, Salvador Manrique de Lara, Sixto del Castillo y Luis León, pertenecen al SOVA, 46 de un total 86.
El paro sigue aumentando en la villa y el SOVA exige a los patrones mayor contratación en las fincas, para lo cual inicia paros en abril de 1933 y huelgas generales en 1936. 

En noviembre de 1933, tienen lugar las elecciones generales, son las primeras en España en que las mujeres pueden votar, en Agaete los candidatos de la derecha arrasan, consiguen el 85% de los votos.
Tras la victoria de los conservadores en todo el país, se paralizan muchos de los proyectos de los anteriores gobiernos progresistas, como la reforma agraria y las leyes que apoyaban la labor de los sindicatos, el SOVA pierde protagonismo en favor de las asociaciones de la patronal, bajando la contratación de afiliados de la Sociedad y los salarios, quedan en torno a las 5 pesetas, como se puede observar en la siguiente hoja del libro de colocación obrera correspondiente a 1934.



Resultado de las elecciones generales de 1933, en Agaete (archivo municipal)

El nuevo cambio de autoridades, más cerca de las tesis de los patronos que de los jornaleros, lleva a muchos terratenientes a volver a dejar sin labor las tierras para vender el agua  a los pueblos limítrofes, despidiendo D. Nicolás Manrique de Lara a 28 trabajadores de sus fincas, 11 de ellos menores, lo que lleva al SOVA a denunciarlo ante el Alcalde con fecha 1 de diciembre de 1933, que traslada la denuncia al "Jurado Mixto del Trabajo Rural", organismo encargado de resolver los conflictos laborales.


Denuncia del SOVA por despido de trabajadores  en la finca de Nicolás Manrique de Lara (Archivo municipal de Agaete)

Otra de las demandas en la que interviene el SOVA es la de 12 obreros, contra Doña Leonor Ramos de Armas, viuda del poeta Tomas Morales,  que se soluciona con la indemnización de una semana de salario a cada uno.
En 1934, las cifras de paro obrero agrícola y albañilería de la villa, contabilizados por la oficina de colocación de Guía es de 47 hombres.


Cifras de parados inscritos en el registro de la oficina de colocación obrera de Guía. Diciembre 1933 .(Archivo municipal)


El ayuntamiento conservador, con notable influencias de los pequeños empresarios, medianos y pequeños propietarios de tierras, choca frontalmente con la organización sindical de izquierdas, ya con una directiva muy próxima al partido socialista, produciéndose continuas desavenencias que llegan  a la denuncia por parte del SOVA ante el Gobernador Civil, de la actitud del ayuntamiento, al que acusa de favoritismo en la colocación de trabajadores en las obras municipales, contestando el ayuntamiento que "se hace por un turno semanal, si bien algunos especializados son contratado más tiempo".



Contestación del ayuntamiento al Gobernador, sobre la denuncia del SOVA.

A pesar de que son tiempos de intentonas revolucionarias por parte de la izquierda y golpistas por parte de la derecha, tanto el ayuntamiento como las actuaciones del SOVA se mantiene dentro del marco legal constitucional de la República.
A parte de las huelgas agrícolas y las denuncias de irregularidades laborales entre los patrones y jornaleros, el único incidente del que se tiene conocimiento, tuvo lugar el 12 de junio de 1932, cuando dos pequeños propietarios, Heriberto García y Juan Álamo, junto con otros, que formaban parte de lo que la izquierda llamaban "la jarca", en referencia a los propietarios de tierras y sus mayordomos, pasaron tocando guitarras por las proximidades de la sede del SOVA en el "Barranquillo", mientras se celebraba un mitin socialista e intervenía el que fue alcalde de Las Palmas por el PSOE en la etapa democrática, D. Juan Rodríguez Doreste, cantando de forma provocativa, el "fuimos, somos y seremos", produciéndose un altercado en el que hubo heridos leves. 
El incidente produjo el cese por el Gobernador Civil, del alcalde constitucional D. José Armas Bermúdez, al que se le acusó de no tener conocimiento de la celebración del acto, no tomar las medidas de seguridad adecuadas y no ponerlo en conocimiento de la Guardia Civil de Galdar.

Comunicación del incidente al gobernador Civil (Archivo municipal de Agaete)

El incidente además del cese del Alcalde, se saldó con multa a los dos que provocaron el altercado, que fueron sancionados con 250 pesetas cada uno, por actos de hostilidad al régimen (la República). 



Comunicado del Gobernador, desestimando recurso de Heriberto García e imponiendo una multa de 250 pesetas, al igual que a Juan Álamo, por los incidentes durante un mitin socialista en la sede del SOVA. (Archivo Municipal de Agaete)

El entonces diputado del partido Republicano Radical por Las Palmas, D. Rafael Guerra del Rio,  donde militaba el cesado alcalde D. José Armas Galván, interviene y gracias a su mediación, con fecha 8 de noviembre de 1932, Pepito Armas, es reincorporado a la alcaldía de la villa. Guerra del Río fue ministro de Obras Públicas durante el gobierno de Lerroux, 1933-1934.


Ministro, Rafael Guera del Rio



Escrito comunicando reintegro en las funciones de alcalde, "Pepito Armas" (Archivo Municipal de Agaete)

En junio de 1933, el alcalde Pepito Armas, solicita al cura párroco la entrega de las llaves del cementerio, en cumplimiento de las nuevas leyes republicanas que pretende secularizar la vida pública, llevándose a cabo el requerimiento el 20 de junio de 1933, entregando el propio cura al alcalde, las llaves del campo santo, que paso a propiedad municipal hasta 1936.


Escrito del alcalde ordenando la entrega de llaves e incautación del cementerio.(archivo municipal)

Además de la lucha contra el paro, otras de las preocupaciones del SOVA fue su lucha por una mejora en la recaudación de impuestos, solicitando que fuese progresiva y la desaparición del impuesto sobre consumos, un tributo legal optativo, al que estaban sometidas todas las mercancías que entraban en la villa procedentes de otras localidades y que ya había desaparecido en todos los municipios, lo que hacía que todos los productos, en especial los de primera necesidad, fueran más caros en Agaete que en los pueblos colindantes.
El sistema de recaudación era propicio a la corrupción y prevaricaciones, lo que dio lugar a que después del golpe de estado de 1936, las nuevas autoridades aprovecharan estas circunstancias, para cesar a los recaudadores y colocar a sus afines.

En octubre de 1933, el SOVA presenta en el ayuntamiento el siguiente escrito relativo a los acuerdos aprobados en asamblea provincial de las federaciones obreras, donde reivindican una serie de mejoras obreras y muestran su disposición "contra toda tendencia fascista, estando dispuestos a llegar hasta la violencia ante un posible intento de implantación de ese nefasto sistema de opresión".




En 1934, se crea la primera asociación de mujeres de la villa, dentro de la asociación provincial, "Acción Popular de la Mujer", organización de derechas católicas, siendo presidenta delegada Dña. Rosario Álamo, si bien no se le conoce más actividad que la organización de una misa y procesión el domingo 20 de octubre de 1935, que sacan a San José, en acción de gracia ¿?.


Comunicando creación comité local de "Acción Popular de la mujer" (Archivo Municipal de Agaete)

La llegada de las izquierdas al poder tras las elecciones de  febrero de 1936, unidas en la coalición Frente Popular y la elección del farmacéutico Fernando Egea Ramírez, uno de sus asociados, como delegado gubernativo para la zona norte, dio un impulso al SOVA.
Las viejas reivindicaciones del sindicato; que los grandes terratenientes dieran trabajo a los jornaleros, que se prohibiera la salida de aguas del municipio mientras quedaran tierras por regar en Agaete, la puesta en práctica de las leyes republicanas de reforma agraria, laboreo forzoso y que se impulsaran las obras pendientes de las carreteras a los Berrazales y la Aldea, comienza a ponerse en práctica, lo que aumentó la afiliación de jornaleros al SOVA.
En mayo de 1936, los bajos sueldos de los trabajadores agrícolas, por debajo de las 5 pesetas, el elevado paro por la no puesta en cultivo de las tierras de los terratenientes, provocan una huelga general en toda la isla que tiene  prácticamente una incidencia casi total en Agaete.
Además de las peticiones que realiza la Federación Obrera provincial, el SOVA realiza unas particulares al ayuntamiento de Agaete, entre las que destaca las siguientes:
Que se obligue a los propietarios de aguas y tierras a no vender  ni una gota fuera, mientras en Agaete queden fincas por regar.
Jornal de 6 pesetas para los hombres y 3 para las mujeres, jornada semanal de seis días de trabajo.
Que las fincas solo admitan trabajadores federados, para evitar el esquirolaje .
Que el terrateniente D. Sixto del Castillo, realice las obras necesarias en sus fincas, según el criterio de una comisión del propietario y los jornaleros " y que de ninguna manera se tolere el mal ejemplo de vagancia que el mayordomo se está dando" (¿?), además de otras.
La patronal rechazó todas las propuestas y los trabajadores llevaron acabo una huelga el 28 de mayo de 1936, que fue prácticamente total en Agaete. El nuevo gobernador civil nombrado por el Frente Popular, ante la falta de acuerdo, dicta un laudo para toda la isla, con las siguientes órdenes favorables a los jornaleros:
6 pesetas de jornal para todos los obreros del campo mayores de 18 años , 4,5 para los mayores de 14 y menores de 18, 3,50 para las mujeres, siempre que no realizaran la misma labor que los hombres, en este caso tendrían el mismo salario.
Para la zona norte de la isla se dicta las siguientes disposiciones:
Todo propietario que tuviera dos fanegadas de tierra debían contratar un mínimo de  un obrero, mas de dos fanegadas y menos de cinco, obrero y medio por fanegada, de cinco fanegadas en adelante, dos obreros por fanegada.
En cada pueblo se forma una comisión de obreros, patronos y ayuntamiento para el seguimiento y aplicación del laudo.
El Delegado Gubernativo para la zona norte, Fernando Egea, impuso de inmediato el cumplimiento de las  nuevas normas, los propietarios  de tierras mantuvieron una actitud desafiante al laudo, lo cumplieron pero algunos como D. Sixto del Castillo, mandó a los trabajadores impuestos por el SOVA, a sentarse en el borde de sus fincas sin trabajar, durante el horario laboral, en una clara actitud provocativa.
Denuncia del SOVA a la alcaldía, relativa a la actitud de D. Sixto del Castillo, con los trabajadores impuestos por laudo del Gobierno Civil (archivo municipal de Agaete)

El 19 de mayo de 1936, el SOVA entrega al nuevo alcalde de la gestora de izquierda, D. Cirilo Medina Bermúdez, un pliego de peticiones aprobadas en asamblea el día anterior, solicitando la puesta en cultivo de las fincas que los arrendatarios y propietarios tenían en baldío, argumentando que las aguas son anejas a las tierras y por tanto no se pueden vender fuera, exigiendo que se prohíba y se obligue a los propietarios a poner en explotación las tierras.
El ayuntamiento convoca una asamblea junto con los propietarios y representantes del SOVA, para exponer las reivindicaciones de los jornaleros. D. Salvador Manrique de Lara en representación de su familia, propietarios de aguas y tierras, se opone, alegando que "las tierras están suficiente cultivadas según la costumbre y que solo se vende fuera el agua que sobra", lo apoyan los propietarios de aguas, con la abstención de los pequeños y medianos propietarios de tierras sin agua, salvo uno, D. Salustiano García Mendoza (Salito), que se puso de parte de los jornaleros y siempre se ganó el aprecio de los trabajadores, manifestando; "Ahora corresponde plantar millo y pasto y las fincas que no lo hagan, no están debidamente cultivadas".
Una de las primeras disposiciones de Egea, fue  restablecer el antiguo sistema de riego, que primaba primero el riego de las tierras del pueblo antes que la venta de agua a otras localidades, lo que le llevó  al enfrentamiento  con los grandes  terratenientes, en especial la familia Manrique de Lara, dueña de las aguas del Sao.
El 10 de junio de 1936, el SOVA amenaza con parar las obras de la carretera de los Berrazales si en 48 horas no se accede a sus peticiones, que consiste en el control de los turnos por el sindicato, con el fin de colocar a los 8 albañiles en paro de la localidad,  a lo que el delegado gubernativo Sr. Egea accede.


Escrito del SOVA, amenazando con parar las obras de la carretera del Valle, si no se accede a sus reivindicaciones (Archivo municipal).

Por otro lado la nueva gestora del ayuntamiento de Agaete, progresista, nombrada tras el triunfo del Frente Popular, trata mediante reuniones entre propietarios y jornaleros, acercar posturas. Las nuevas medidas de apoyo a los jornaleros apenas duran un par de meses, el golpe de estado de  18 de julio de 1936, termina con ellas y la vuelta al control total de los terratenientes sobre las aguas, las tierras y quienes la trabajan. 
Los líderes sindicales, los obreros y buena parte de los jornaleros que habían participado en las huelgas son detenidos y enviados a los campos de concentración, el delegado gubernativo, farmacéutico de Agaete y líder sindical Fernando Egea Ramírez, se convierte en el primer fusilado de la guerra civil en Canarias, junto al diputado comunista Eduardo Suárez. 

Manifestación con la banda municipal de música al frente, camino del Valle en la celebración del final de la guerra y la victoria de Franco. (foto archivo familiar de D. José Armas Galván, cedida por su nieto Tomás Armas Armas)


Bibliografía consultada:
Archivo histórico, municipal de Agaete.
Tradición oral.
El asociacionismo obrero en Gran Canaria durante la II República,  Manuel Ferrer Muñoz.
El movimiento obrero en las Canarias orientales, 1930 a 1936, Miguel Suárez Bosa.
A la sombra del flamboyán, José Antonio Rodríguez Godoy.
Prensa de la época.

sábado, 11 de febrero de 2017

LA HISTORIA DEL ÁRBOL BONITO DE AGAETE

Plaza de Tenesor, José Antonio Primo de Rivera en los años cincuenta y vuelta a Tenesor en la actualidad.

Los arboles urbanos siempre han formado parte de la historia de los pueblos y sus gente, los árboles de Agaete no iban a ser menos.
En la actual plaza Tenesor, antes José Antonio Primo de Rivera, frente a la panadería "la esquina", existía una coqueta y pequeña plazoleta, en su centro, un viejo y enorme eucalipto que sobresalía por encima de todas las casas.  Según la tradición oral, a su sombra se reunían los miembros de las heredades de aguas de Agaete para distribuir las dulas y discutir sobre los problemas de reparto de aguas de la villa, se hacían mítines en tiempos de las repúblicas, bailes o se formaban mercadillos. 
En el circulo, el viejo eucalipto de la plaza Tenesor. (foto Fedac 1930+-)

El  30 de noviembre de  1946, día de San Andrés, un temporal de agua y viento trasquiló el viejo eucalipto, la manía de los ayuntamientos de talar los árboles sin más, le llegó al árbol, sus restos fueron vendidos a un tendero llamado Antonio Álamo, apodado "el Mico". Troceado fue llevado a los cercanos huertos de los "Julianes"(los Titos), actual parque Público y escuela de música, donde se convirtió en carbón para su venta.


Huerto de los "Julianes", desde el "barranquillo", actual parque público y escuela de música, 1943.

El pueblo acostumbrado a la visión y a la sombra del enorme eucalipto, quedo algo huérfano, echaban mucho de menos el viejo árbol. 
La manía de los alcaldes de siempre, de hacer plazoletas o remolar las que hay hechas también le llegó a la plaza de Tenesor o José Antonio Primo de Rivera. 
Eran tiempos de cambios en la sociedad, aumentaban los vehículos, el tráfico y el paso de camiones por el cruce de la calle Guayarmina, Barranquillo y la Concepción, en especial los del agua de los Berrazales, lo que ocasionaba un problema de tráfico por lo cerrado del cruce. Al parecer el consistorio que presidía el alcalde Pedro Esparza, no encontró mejor idea que desmontar la plaza para que el trafico fuera más fluido, la demolieron, dejándola al nivel de la calle, aumentando el ancho del cruce y dejando una zona de aparcamiento que aun perdura, al igual que los problemas de circulación por lo estrecho que sigue siendo.

Alcalde Pedro Esparza

Por aquellos años existía en la salida de la ciudad de Las Palmas hacia Tafira, un viejo ficus de suma hermosura, el ejemplar era conocido como el "árbol bonito". Se corrió  la voz por la ciudad que lo iban a cortar y se formó la de San Quintín, críticas en la presa, recoleta de donativos para tratar de salvar el árbol, se hicieron todo tipo de gestiones, al final el árbol fue talado en 1952. 




La amenaza de tala del "árbol bonito" y recoleta, en la prensa. Diario Falange, 24-06-1952.  y 5 de junio de 1951.

Don Jaime O´Sanahan, director del vivero insular, pensó que aquel árbol tan significativo para la ciudad no podía pasar a mejor vida sin dejar descendencia, se presentó en el lugar y el árbol ya talado, se encontraba en un camión, llegó a un acuerdo con el propietario comprando los restos por 500 pesetas, el precio del transporte. Lo llevó para el vivero y plantó un sinfín de esquejes, de los que solo le pegó uno que cuidó con esmero y escondió entre laureles de indias del vivero, para que nadie se lo llevara.
D. Jaime O¨Sanahan, em el vivero insular entre laureles de indias. (Ruta archipiélago, junio de 2006.)

Pasaron los años y a la renombrada plaza José Antonio de Agaete, le faltaba un "árbol bonito". 
En las proximidades de la plazoleta se construía la casa y despacho del médico, actual oficina de correos. El centro médico se inaugura como todo lo que se inaugura en la época, un 18 de julio. 
El alcalde le pide  a Don Jaime O´Shanahan, director del vivero insular del Cabildo, en aquel entonces situado en una finca, donde se encuentran los actuales institutos de la  calle Tomas Morales de Las Palmas, un árbol bonito, para adornar la plazoleta, antes de la inauguración de la casa del médico.
Don Jaime le dice al alcalde; "yo tengo lo que usted necesita" y le cuenta la historia del árbol, le explica las condiciones para plantarlo y cuidarlo. El árbol, dentro  de un camión pone rumbo para Agaete, se instala en medio de la plaza Tenesor y a su alrededor se coloca un pequeño muro circular, que durante muchos años sirvió de banco y sala de espera del pequeño ambulatorio médico que se encontraba en sus proximidades.
El árbol, años ochenta del pasado siglo.

Sesenta años después, el ficus que "lloraba su muerte en Tafira", renacido, ríe y baila al viento cada cuatro de agosto cuando la Rama pasa por su sombra.


En la actualidad, viendo pasar el tiempo.
P.D. Sería interesante colocar un panel en sus proximidades explicando su bonita historia.

Bibliografía consultada:
La prensa de la época.
Ruta archipiélago, junio de 2006.
Efemérides sin fecha, Sebastián Sosa Álamo.
Tradición oral y recuerdos de mi padre.